martes, 28 de junio de 2016

Ermita de Chalamera

En la región de los Monegros, cerca de la confluencia de los ríos Cinca y Alcanadre, la población de Chalamera (Huesca) ofrece interesantes restos arqueológicos de diversas épocas, algunos todavía poco conocidos.
En el burgo primitivo de Chalamera se levantó al parecer una iglesia románica, la de Santiago, pero el principal monumento conservado será la de Santa María, hoy ermita, en cuya fábrica participaron los freires de la orden del Temple, que en 1143 establecieron cn Chalamera la cabecera de una amplia encomienda militar extendida por el bajo Cinca hasta la plaza de Mequinenza.
Obra sumida en lo cisterciense, esta iglesia tiene planta de cruz latina, de brazos muy cortos y ábside en hemiciclo, con dos colaterales que no se acusan al exterior, cada uno con su ventana, al modo de las iglesias del Languedoc; el antecedente español más claro de una planta semejante a ésta es la de la iglesia del monasterio de San Benet de Bages (Cataluña). Encima del crucero se levanta un cimborrio octogonal sobre trompas.
Hay dos puertas; una, a los pies de la iglesia, con su amplia portada de seis arquivoltas sencillas, funcionales (la exterior, algo apuntada), que apean sobre abaco corrido sustentado por seis columnas a cada lado (falta una) con capiteles decorados por representaciones inconexas de figuras humanas y de animales: dos cuadrúpedos afrontados, un ave, un peón contra un caballero, y la cabecita entre volutas, tan frecuente en el repertorio románico. Este mismo adorno se repite en los capiteles de las columnas que decoran la ventana que hay más arriba de la portada, con sus tres arquivoltas también baquetonadas. Los modelos más próximos de esta fachada son las de la iglesia de Tolva y del monasterio de Sijena.
La portada Sur es más pequeña, pero no desmerece en elegancia y sobriedad; sus líneas de enmarcamiento son dos molduras —tipo bocel— muy separadas por la zona amplia y llana del frente de las dovelas, en el arco; la exterior pasa a ser columna exenta ante las jambas, mientras que la interior solamente queda sugerida por un suave modelado de las jambas. Entre el arco y las dos jambas que lo sostienen, hay un friso corrido, con su imposta, donde se insertan, sin solución de continuidad, los capiteles (como en la obra mas tardía del claustro de la catedral de Lérida), decorado todo ello por sumaria labor de lacería (lado izquierdo).
La nave, cuyos tres tramos marcan pilastras dobles, tiene arcos apuntados de descarga en los muros;
se cubre con bóveda sobre arcos fajones apuntados, excepto en el crucero, donde hay un arco de medio punto diafragmado, para dar apoyo al cimborrio sobre trompas. Los ábsides tienen bóveda de cascarón. Hay ventanas en los mismos y en cada brazo del crucero. La cronología de esta iglesia cisterciense, donde se han asimilado elementos estéticos y funcionales tradición románica, corresponde a la primera mitad del siglo XIII.

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