martes, 29 de noviembre de 2016

Santuario de San Roque - Beade (Orense)

En las afueras de Beade y muy próximo a Ribadavia, inmerso entre las suaves ondulaciones que cubre el rico viñedo de esta comarca, se halla situado el santuario de San Roque cuyo conjunto se recoge aquí como muestra representativa de estos focos de devoción popular, frecuentes en la tierra galaica, en la cornisa cantábrica y aún en toda la península.
El origen de este bello conjunto está relacionado con una iglesia o ermita románica de la cual aún se conservan restos en la cabecera de la actual unidos al cementerio. Su organización presenta dos focos principales: la iglesia y el calvario con sus respectivos espacios de expansión unidos por el Vía Crucis, un eje de 130x 15 m. al que se han añadido elementos y funciones muy distintas.
El foco de la iglesia comprende, además de la fábrica religiosa, una buena casa cural y el cementerio dispuesto a espaldas de la escena principal. Hacia ésta se dirige el frente del santuario, un ejemplar barroco con su atrio curvilíneo y su alta torre de reminiscencias compostelanas, También la zona del Calvario es obra realizada según las pautas del barroco gallego; su espacio se ordena con plataformas de distintos niveles: el principal, reservado a los fieles, es una amplia terraza de potentes piezas graníticas a la que se abre una modesta y popular ermita. Esta, y los muros perimetrales del lado opuesto, delimitan el desarrollo de los niveles superiores destinados al oficiante, al altar y al calvario cuyas tres cruces se recortan sobre un fondo de cielo, viñas y pinos. Su muro de poniente tiene la coronación rota en algunos puntos y la parte más avanzada de su escalonado parece que estuvo cubierta, como se deduce de la forma de hastial del muro de fondo v un pilar aislado sin otra función aparente.
La vía crucis tiene en el tramo de la iglesia un cierto aire de paseo urbano o de alameda exterior a una villa: ello le viene dado por las hileras de plátanos y el quiosco de la música que resultan unos elementos discordantes en la rusticidad del medio. Al contrario, el amplio espacio del Calvario deja clara su función como ámbito de concurridos oficios religiosos al aire libre.
Por agosto, cuando el húmedo calor del verano se refugia en este rincón del Ribero de Avia, el conjunto se puebla de tenderetes entoldados y atruena la música de los altavoces; la multitud, sudorosa y congestionada, baila, riega con el vino de la tierra el pulpo, la empanada de lamprea o quien sabe qué otro delicioso manjar, va de puesto en puesto o deambula contándose sus cosas mientras alguna pareja se refugia bajo los altos emparrados de alrededor.
Cuando todo está vacío de gentes y ruidos, de vez en vez, una aldeana vieja bisbisea oraciones de crucero a crucero o pasa la comitiva de un último viaje al cementerio acompasada al blando y lento caer del calabobos; los amplios y negros paraguas aldeanos dan la imagen de una lenta oruga que se desliza por el dramático paisaje de sarmientos retorcidos. Esta dualidad de lo lúdico y lo fúnebre, propia del sentir galaico, encuentra aquí un marco y significación claras y adecuadas.

(La plaza en la ciudad)

No hay comentarios:

Publicar un comentario