domingo, 5 de febrero de 2017

Ermita de San Pelayo - Villacibio

Desde Olleros de Pisuerga debemos tomar la estrecha carretera local P-620 que, en dirección Este y dejando a la derecha el magnífico monasterio de Santa María de Mave, nos llevará a la pequeña localidad de Villacibio.
A unos cientos de metros del casco urbano en dirección sur y a través de una pista de tierra recientemente rehabilitada, se accede al abrigo rocoso que alberga la pequeña iglesia rupestre de San Pelayo, una de las escasas de esta naturaleza sobre las que se conserva cumplida documentación en forma de una donación fechada en 1155 por la cual, la reina Urraca, cede al abad de Oña el monasterio de Mave junto a sus heredades anejas, entre las que se encuentra la "Cueva de San Pelayo".
La cueva, clausurada durante décadas para evitar el pillaje, ha sido recientemente puesta en valor, pudiendo admirarse desde la reja que la protege al exterior una pequeña estancia ligeramente rectangular y diáfana que cumpliría las funciones de nave; y un segundo espacio a una altura ligeramente superior a modo de presbiterio al cual, abren a su vez dos habitáculos menores mediante sendos arcos: uno de rosca de medio punto y otro de marcada herradura.
Pese a la degradación que acusa el templo por haber estado durante siglos a merced de las inclemencias tanto meteorológicas como del hombre, es perfectamente perceptible al interior la original compartimentación jerárquica del espacio según la primitiva liturgia, con la zona presbiterial a una altura superior y bastante angosta respecto al resto de la nave.
Muy cerca de Villacibio, la diminuta aldea de La Rebolleda contó con un eremitorio de similares características que, lamentablemente, fue volado a mediados del siglo XX en cumplimiento de un decreto que trataba de evitar que sirviera de cobijo a -textualmente- "vagos y maleantes".

(Arteguías)

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